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Nací hace 22 años en la ciudad de los perros, crecí junto a mis padres y hermano Claudio que actualmente tendría 23, en mi bautizo recuerda mi madre, me dieron pataletas, tiré mis calcetines con vuelito, mi gorrito también, viví entre la ternura y el cobijo de los cuidados de mis padres, recuerdo que de niña me gustaba arrancarme en la noche para ir a jugar con las demás niñas con las muñecas, sonreír siempre, abrazar con ternura, recuerdo que peleaba con mi hermano, típicas peleas de hermanos, recuerdo que siempre salía en las fotos con la boca sonriente y apretando fuertemente mis dientes, me gustaban los vestiditos que mi madre me ponía, como ha cambiado la moda en nuestra sociedad, recuerdo que me decían que tenían manitos de empanaditas, que ha una vecina le encantaban, cuando empezé a ir al colegio, la mayoría de mis compañeras no me agradaban, no me gustaban los hospitales, aún no me agradan, todavía me acuerdo que conocí a un sacerdote muy agradable, que me daba consejos y me regaló un cepillo de dientes de color amarillo de marca dento; como verán viví como una niña feliz, alegre sin problemas, como cualquier niño, pero tenían que llegar los 6 años ahí mi vida empezó a dar un vuelco repentino: mi madre, mi hermano nos encontrábamos en Playa Ancha, al bajarnos de la micro, mi hermano, tan hiperquinético que era bajó corriendo de la micro, mi mamá le gritaba que se devolviera, pero no hizo caso, cruzó corriendo la calle, luego un camión del gas lo atropelló, mi madre gritaba y lloraba, corriendo a su encuentro, él tirado en el suelo, ensangrentado, gente gritando desesperado, mi hermano ahí tirado y yo totalmente inerte, tiritaba, asustada, horriblemente aterrada, luego venía el horrible hospital, mi hermano hospitalizado, vendado entero, apenas le veía los ojos, me daba miedo la apariencia que tenía en ese momento, todo vendado, ojos oscuros, desolado, luego de todo esto, venía mi ida a Pto. Aysén, ya tenía 6 años, bueno recuerdo que viajé en el avión LanChile, me encantó toda la preocupación que tenían los encargados de Lan, como era tan niña y además viajaba sola, me dieron muchos cuidados, me dieron una especie de identificación de pasajero que viajaba solo, que llevaba colgado en mi cuello, me llevaron al avión, iba con mi pepón (muñeco con cara divertida y una gran sonrisa y muy grande) me senté junto a un caballero, me regalaron un maletín de color blanco con juegos, la comida de avión no es nada mala como algunos creen, las azafatas cuidaban mucho de mi, me gustó mucho viajar en avión, fue muy divertido, terminó el viaje, el avión al aeropuerto de Balmaceda, me encuentro con mi papá y con mis hermanas y tía, venían con unos vecinos en su auto, luego viene mi historia en Pto. Aysén, bueno llegué a los 6 años sin ningún cuestionamiento de lo que pasaba a mi alrededor, mi crecimiento fue bastante feliz por allá no sentía que nada me faltaba, me gustaba mucho el lugar donde vivía, otros olores, otros colores, tanto verde, tanta lluvia, tanto campo, tanta gente que hablaba "cantadito", que por cierto también se me pegó, niños con quien jugar a las muñecas, barbies, viendo dibujos animados, disfrutando de los días de frío junto a la chimenea, conociendo de las maravillas del sur, siempre siendo una niña inocente, no decía garabatos, no conocía de los besos, del pololeo, sólo los niños me gustaban y ya, no me interesaba mucho que me tomaran atención, sólo quería jugar con mis amigas, comer nalca con sal, comer manjar, jugar en la leñera, no comerme los porotos ni las centollas, más de una hora intentando comerme esos mariscos que no me apetecían, teniendo que irme a comer a la leñera, porque no me comía los porotos, cuando me portaba mal, mi papá nos enviaba para fuera aunque estuviera en pijama, me daba mucha vergüenza me veían todos mis amigos, no me dejaban esconderme en la leñera, pero igual a veces me arrancaba, se me olvidaba mi hermano también viajó después, cuando llegó estaba muy cambiado, su rostro tenía una mirada diferente, mi hermano querido quedó con epilepsia, no creía lo que veía era tan raro todo, pero él estaba conmigo, eso era lo que importaba, recuerdo que tenía varias amigas, lo pasaba muy bien con ellas, tenía mi colegio a una cuadra de mi casa, inclusive había una niña que vivían frente al colegio, me encantaba mi colegio, siempre fui muy participativa y muy sociable, estuve en folclore, en basquetball, en ballet, en gimnasia rítmica; sí era gordita y mi profesora de ballet siempre me lo hacía notar, no me tomaba mucho en cuenta en ballet, pero me gustaba participar aunque fuera desde lejos, me gustaba ver a las bailarinas que usaban zapatillas de ballet en punta era increíble como se podían dar una vuelta con esos zapatitos, recuerdo que en una de mis actividades, estábamos en época de alianzas, se me ocurrió jugar basquetball cuando la cancha del gimnasio estaba un poco deteriorado, por hacer una mala maniobra choqué con una niña mucho más gordita que yo, y me di el tremendo porrazo, por esquivar una poza que había en medio de la cancha, terminé con un mes con un lindo yeso en mi brazo derecho, igual era divertido tenerlo, todos me atendían, se reían en el colegio, porque como era de la brigada me veía extraña con semejante cosa en mi brazo, para bailar era un lío, y peor en la noche porque me picaba el famoso yeso, tenía que usar una pajita de esas para las jugos en caja, era lo más molesto de estar con ese yeso, en mi estadía en el colegio, me gustaba pegarles con mi super coscacho a los que hacían desorden y los salía persiguiendo por todos los pasillos, nunca fui buena para los dibujos, ni los calambritos me salían bonitos, para que decir tocar la flauta, siempre me iba mal en eso, y para que decir las matemáticas, siempre he sido un cero a la izquierda para esa materia, viví 6 hermosos años en Pto. Aysén, de mi niñez no me puedo quejar, pero algo me faltaba, bueno luego vino la venida a esta ciudad, Viña del Mar, mi juventud no fue tan entretenida, ni tan apacible como yo quería, empezé a crecer en soledad, con depresión, burlas de la gente, desenfado familiar, todo era oscuro para mí, lo que tenía en Aysén se había perdido, mi niñez la anhelaba, mi vida estaba extrañamente modificada, no quería ir al colegio, mis compañeros me molestaban demasiado, me tratataban como si fuera tonta, esto sucedia a lo largo de mi etapa escolar, aún recuerdo con tristeza esa etapa de mi vida, que puedo asegurar que ha influido mucho en mi personalidad, por no querer aceptarme y haber tenido una fuerte depresión sólo por el hecho que no me quería; todo esto me hizo añorar a mi Aysén, haya no había pasado por estas cosas, mis compañeros sí me aceptaban. Cuando volví a Valparaíso, tanto tiempo que estuve separada con mi madre, y me era imposible aceptarla, no era cercana con ella, ni con mi hermana menor, gracias a Dios eso ha ido cambiando con el tiempo; pero no podía ser sociable, me cerraba en mi mundo, no quería que me conocieran, tenía miedo a que no me aceptaran, me aislaba de todo y de todos, de ser una niña tierna, cariñosa pasé a ser alguien depresivo, triste, perseguido, mal genio, cambios que no podía creer, caía al vacío eterno, me escondía de la gente, iendo a psicólogos, llorando en solitario, creyendo que nunca podría regresar a mi esencia, con el desprecio de mis desilusiones, con la ausencia de una buena autoestima, cayendo de a poco, queriendo volver a mi niñez, queriendo volver a mi querido Aysén, pero mis gustos de pequeña seguían intactos: basquetball, animalitos, ayudar, creció mi gusto por el derecho, las ciencias sociales, mi lado humanista se hizo notar, y empezé a tomarle el gusto a la escritura, me empezó a agradar el sonido del piano y el suave violín, empezé a escuchar la música, a sentir los sonidos a través del sufirimiento o alegría que me acontesía, a darme cuenta que no canto tan mal, a empezar a observar demasiado lo que me rodeaba y analizar el comportamiento humano, aún no le puedo tomar la mano a las matemáticas, sigo siendo una joven queriendo volver a los 11 años, y como olvidar mi gusto por la animación japonesa, añorando todo lo relacionado con cosas infantiles, con jugar, con hacer sonreír a los demás, con querer demostrar que puedo ser más que una niña que muestra su máscara triste, que de verdad puedo volar, maravillándome con las bondades y bellezas de esta vida, y dándome cuenta que mi esencia nunca se fue, siempre ha estado ahí, y como olvidarme de que mi vida se a tornado azul pues entre tanta oscuridad que hubo en un período de mi vida, apareció mi otra ala; pero ahora me pregunto, ¿volveré al inicio de mi esencia o simplemente me quedaré viviendo de los recuerdos?