Bajo un árbol de sakura posé mis frágiles alas sobre tu refugio, aún me pierdo entre el perfume del cerezo; que dulce se siente contemplar y deleitarse con su aroma y las caída de sus pétalos junto a ese ser alado; protegidos por el refugio de un hada nocturna. Aquel ser encantado te dice que encadenaría las alas de un ángel olvidado para protegerte cuando hayas de caer. Unas alas blancas aparecen sin temor tras la sombra del cerezo, puedo ver como se desprenden del ángel caído; mientras un ángel mira con regocijo aquellas almas olvidadas, aquellos que son como niños abrazados, un hada, secretamente escondida tras un bosque ilimunado por las luciérnagas nocturnas, protege nuestro andar .
Aparece la imagen de un estaque ya vacío, ya perdido, ya olvidado, pero siempre presente, hay una luz misteriosa que se esconde bajo nuestros corazones alicaídos, me pierdo bajo el sonido de un piano de olores, escucho tu nombre en el silencio de la noche, suelto las largas cadenas doradas que me atan a este mundo, vuelvo al inicio, sigo caminando con los cerezos a mi alrededor.
Empiezo a caminar con mis alas extendidas, de pronto unas nubes negras confunden nuestro palpitar, camino algo ciego algo confuso perdido entre la penumbra de la noche, sigiloso por este camino, no sé donde ir, no sé si escapar del dulce aleteo de esas alas, volvemos a recordar nuestro caminar, mientras un hada silenciosa se perdía en su aleteo cuando observaba nuestro andar sigiloso entre tanta tempestad.
Logran de algún modo encerrar esas alas en su desolado corazón. Veo la luz escondida en tus desgastados ojos, veo brillar tus alas entre tanta tempestad, veo el pétalo de una rosa que cae bajo un cielo nocturno, veo como nuestros corazones se vuelven a encontrar entre tanta frialdad que ha dejado la hermosa oscuridad.
Aparece la imagen de un estaque ya vacío, ya perdido, ya olvidado, pero siempre presente, hay una luz misteriosa que se esconde bajo nuestros corazones alicaídos, me pierdo bajo el sonido de un piano de olores, escucho tu nombre en el silencio de la noche, suelto las largas cadenas doradas que me atan a este mundo, vuelvo al inicio, sigo caminando con los cerezos a mi alrededor.
Empiezo a caminar con mis alas extendidas, de pronto unas nubes negras confunden nuestro palpitar, camino algo ciego algo confuso perdido entre la penumbra de la noche, sigiloso por este camino, no sé donde ir, no sé si escapar del dulce aleteo de esas alas, volvemos a recordar nuestro caminar, mientras un hada silenciosa se perdía en su aleteo cuando observaba nuestro andar sigiloso entre tanta tempestad.
Logran de algún modo encerrar esas alas en su desolado corazón. Veo la luz escondida en tus desgastados ojos, veo brillar tus alas entre tanta tempestad, veo el pétalo de una rosa que cae bajo un cielo nocturno, veo como nuestros corazones se vuelven a encontrar entre tanta frialdad que ha dejado la hermosa oscuridad.
