viernes, 8 de junio de 2007

Anata y Watashi


Somos como el aleteo de las mariposas que rodean nuestras tardes con sus mil colores, como el pajarillo azulado perdido en una hoja de colores cálidos, somos como el interminable aleteo del colibrí que danza para su enamorada, como el pingüino emperador que emprende una larga travesía sin importar los obstáculos para llegar a "su destino", como el ruiseñor que canta inspirado por la rosa nocturna, como el fénix que renace de las cenizas, como el pájaro perdido entre la niebla que emprende el vuelo sin temor a caer, somos como los pétalos de cerezo que florecen al atardecer, como la luciérnaga que ilumina nuestras noches de nostalgia.

Somos como dos ángeles perdidos en este tiempo olvidado, que pueden soltar las cadenas que los atan a este mundo, podemos alcanzar nuestros sueños, podemos renacer, podemos cantar hermosamente y despojarnos de nuestros problemas, volver al inicio, mirando nuestros rostros que se pierden entre la belleza de la noche, que se pierden dos seres entre la multitud, entre el canto del ruiseñor, entre el dulce aleteo de un pajarillo, entre el perfume de los cerezos, ya no hay un interminable túnel que recorrer, ya el sufrimiento no es un espejo que no nos deja ver más allá de nuestra soledad, ya no hay una ventana que se cierra, ya no hay mariposas que cierran sus alas, ya no hay llantos de niños despojados de las manos de sus madres, ya no hay rostros desolados que temen por no despertar, el camino que construimos ya no es oscuro ni desolado, ya por fin se ha tornado azul, nos queda un interminable camino por recorrer, por alcanzar; pero para eso sólo hay que esperar y aprender que siempre se puede volver a volar...

En cada aleteo interminable hay un obstáculo que no nos deja ver, pero que se puede resolver, una mirada triste, una caída, una sonrisa que nos hace volver a renacer, un aplauso para seguir en esta travesía, pero también cada segundo que pasa, junto con las veces que tengamos que alzar el vuelo o fallemos en el intento, o lo pequeño que seamos; nos damos cuenta que cada aleteo es como los continuos ir y venir de nuestra existencia, que son los logros y tropiezos que encontramos en nuestra vida, que hay alguien que nos mira desde lejos que nos acompañe en esta nuestra danza infinita...