martes, 8 de mayo de 2007

La persona para Kokoro-chan...



Un ángel bailaba en la oscuridad, escondido en su falsa soledad, con su ala demacrada, con su máscara cayéndose a pedazos, sólo pensaba en su agonía en su tristeza, en que en ningún lugar aparecería ese otro ser que lo hiciera despertar, que lo hiciera salir de su encierro, que lo hiciera soltar sus cadenas, creí que era parte ya de un despojo de ser humano que estaba destinado a caminar sin rumbo fijo, que sólo podía sentirse como una mariposa que revoloteaba sin rumbo fijo e intentaba mostrar parte de su belleza al que quisiera mirarla, mi oportunidad en este mundo estaba perdida, mis alas ya no soportaban tanto dolor, sólo quería morir en los brazos de un ángel caído, pero ella siempre se conformó con sólo mirar...
¿Cuántas veces mi alma deambuló por las calles buscando un refugio?, buscando un poco de humanidad, ¿cuántas veces quize proteger a ese ángel con mi ala demacrada?, nunca nadie quizo recibirla, nunca nadie quizo mirar mi rostro demacrado, mis lágrimas caían sobre mis alas marchitas, mi soledad me protegia de sus miradas, siempre me pregunté por mi apariencia, por mis miedos, ¿por qué no era como ellos?, pero siempre sentí el perfume de los cerezos a mi alrededor, el deleite de su frescura, me dejaba seducir por el viento, por las pequeñezes de este mundo; siempre hubo escondido en mí interior un poco de color, soy como ustedes, persigo cerezos entre la tempestad, busco el refugio de tus alas en la oscuridad, me dejo seducir por esas alas olvidadas...
Mi extraña vida se ha tornado azul, se ha llenado de la frescura de los pétalos del cerezo, siento que mi ala demacrada se vuelve cada día más blanca, que en mi máscara se dibuja una leve sonrisa, que puedo ver a través de tu rostro, que siento la tibiesa de tu ala, que nuestras alas se elevan como las de un fénix triunfante que siento que puedo volar contigo que tú eres mi otra ala que podemos caminar juntos, que nuestras almas se confunden con la tibiesa de nuestros labios, que no quiero soltar tus manos, que puedo sentir la protección de tus alas, que quiero ser tu refugio, que quiero ser tu esperanza, que no te dejaré solo, y no te dejaré caer, que mi otra ala te cobijará y protegerá, que nuestra luz brillará entre tanta tempestad y que juntos volaremos como dos ángeles que sueltan sus cadenas y que ya no le temen a mirar la luz y que juntos por fin pueden volar...

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